Fotoescultura

POR FELIPE BAEZA /

El término Fotoescultura tiene un primer antecedente en el trabajo del escultor francés Francois Willeme (1830-1905), quien en el año 1860 diseña e implementa un proceso en el cual proponía la creación de esculturas a partir de datos fotográficos obtenidos simultáneamente desde 24 puntos de vista diferentes. La información bidimensional era “traducida” tridimensionalmente a través del trazado de una proyección mediante un pantógrafo.

Documento gráfico que representa el estudio fotográfico en 360o de Francois Willeme, el cual poseía 24 cámaras ocultas tras una pared falsa, rodeando al modelo y funcionando simultáneamente.

Cada vista consecutiva implicaba un desplazamiento de 15 grados en la escultura en proceso, la que modificaba sus bordes o silueta en atención al trazado que el pantógrafo realizaba de la imagen proyectada. El proceso de captura contemplaba un estudio circular con 24 perforaciones para los lentes de cada cámara y soportes para el modelo, esto asociado a las velocidades máximas de obturación y sensibilidad de la película en el proceso fotográfico análogo de la época.

Linterna mágica y pantógrafo en pleno proceso de trazado de las vistas sucesivas para la reconstrucción volumétrica.

Existen documentos que evidencian la creación de una patente de esta invención, fechada el 9 de agosto de 1864 en Estados Unidos (nro. 43.822), también la formación de una sociedad de Fotoescultores, internacionalización del proceso a Inglaterra y Estados Unidos. Entre los retratados se cuentan los reyes de España y Teophile Gautier.

Dibujo perteneciente a la patente intelectual del proceso Fotoescultórico, registrado en Estados Unidos en 1864.

Un antecedente posterior sobre la técnica de Fotoescultura (año 1939) es la obra de Marcus Adams (1875-1959), fotógrafo inglés que recoge casi completamente el principio técnico descubierto por Francois Willeme, potenciando la idea de inmediatez y precisión en la obtención de la información tridimensional. La velocidad de obturación y la mayor sensibilidad de la película se acompañan de la proyección de un rayo luminoso vertical que tiene la facultad de destacar los bordes del retratado, optimizando la fidelidad del volumen resultante. El proceso de Marcus Adams implicaba el desbaste de un cilindro de yeso al mismo tiempo que el trazado de bordes sobre el material fotográfico: un puntero de este pantógrafo traza la foto y el otro retira yeso del cilindro, ubicándose en una relación de 90 grados.

Terminando con las tecnologías análogas asociadas a la Fotoescultura, en el año 1957 aparece otro proceso que evidentemente rescata el aparataje creado por Willeme y Adams, ofreciendo algo así como una “escultura al instante”. Instant sculpture es fruto del trabajo del escultor y fotógrafo George Macdonald Reid (1908-1969), quien retrata a los famosos de su época y monta un estudio que cuenta con su respectiva publicidad en el periódico.

Cabe señalar que tanto la técnica recreada o redescubierta por Marcus Adams, como por George Macdonald Reid, se sirven de la cámara de cine (captura secuencial) para documentar la información bidimensional, es decir, el modelo gira a una velocidad determinada manteniendo la pose y es filmado por una cámara de cine, la cual en el caso de este último escultor inglés, obtiene cerca de 300 puntos de vista del retratado, los que son traducidos tridimensionalmente del mismo modo que en la máquina de Marcus Adams, tallando un cilindro de yeso mediante un pantógrafo.

Esta pequeña síntesis sobre los Fotoescultores pretende resaltar aquellos instantes híbridos en el nacimiento de una técnica capaz de transformarse en un lenguaje, donde no existe claridad absoluta de los límites y los componentes anteriores que la forman y la certera presunción de cuál será su rol al construir patrones que normen su ejecución.

Mi particular interés en los equipos Multicámara, su construcción desde procesos análogos y su transformación al dispositivo digital, proviene de intenciones asociadas a la pintura Barroca europea donde aparece un “obturador pictórico” de alta velocidad, capaz de evidenciar la poesía de los momentos efímeros. Exagerando estas capturas se rebasa el límite bidimensional y aparece la posibilidad de abordar las tres dimensiones, potenciando la idea de híbrido entre lo fotográfico, lo escultórico y la primitiva imagen en movimiento respaldada por una motivación propia de la pintura.

Equipo multicámara, octubre 2014, Felipe Baeza Fuentes, artista visual y docente PUC.

 

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