Autorretrato Hoy

POR CONSTANZA CORNEJO/

no se puede poseer la realidad, se puede poseer (y ser poseído por) imágenes”  [1]

 A lo largo del tiempo hemos interpretado la realidad mediante diferentes imágenes fotográficas, que nos permiten construir un discurso fiel y objetivo de ésta. A medida que la tecnología avanza, y con ella el desarrollo de la fotografía, ha aparecido una nueva faceta de la imagen, donde es posible intervenirla y manejarla a nuestro antojo, iniciando un cuestionamiento de su veracidad.

Hemos pasado de una imagen privada, reservada solo para algunos momentos de exhibición, que no pretende reafirmarse ante nada ni nadie, a una imagen pública compartida y masificada en las redes sociales, llegando a ser un hábito participativo y colectivo.

Se puede decir que hoy en día es más fácil apropiarse del medio fotográfico, ya no es una actividad para unos pocos; la fotografía está cada vez más al alcance de la mano, ya no es necesario tener una cámara fotográfica y saber cómo funciona cada una de sus partes, tan solo basta con tener un celular e impulso fotográfico, bajo una necesidad que nos lleva a retratar todo, incluso a nosotros mismos en diferentes situaciones.

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Autorretrato M. C. Escher

En los últimos años, la masificación de los medios y su fácil acceso han convertido a la fotografía en uno de los elementos con mayor capacidad de retroalimentación, en donde la inmediatez juega un rol principal, generando o degenerando el propio recurso. Como muestra de esto, podemos apreciar la evolución de un estilo de imagen fotográfica en particular, históricamente conocida como autorretrato y hoy como selfie. ¿Se le estará dando mayor importancia al hacer que al ser?, ¿nos hemos convertido en especialistas en producción de imágenes?

En los principios de la fotografía, Niepce se refería a ella como el medio por el cual se dibuja con la luz, Talbot se refirió a la cámara como el lápiz de la naturaleza, ¿podríamos decir que hoy en día es la adicción a contemplar y coleccionar la imagen de nuestra mente? O, como plantea Susan Sontag “por un lado las fotografías son datos objetivos, por otro, son elementos de ciencia ficción psicológica”.[2]

Posterior a la invención y ajustes de las diferentes técnicas fotográficas que se desarrollaron, el acto de fotografiar dio un giro hacia la masificación de su producción y, en gran medida, Kodak se hizo cargo de que esto pasara promocionándose como: “usted oprima el botón, nosotros hacemos el resto, 1888. Con el paso del tiempo, podemos asegurar que se ha seguido la misma línea de este lema, no para la marca en cuestión sino más allá de ella. La cámara fotográfica y sus distintas formas (análoga, digital, GoPro, celular y todas las presentaciones que hoy conocemos) han llevado a cabo su objetivo: usted solo presiona un botón cuantas veces quiera y obtendrá su recompensa casi sin errores.

La selfie no es solo una práctica de hoy, sino que esta ha existido desde el comienzo de la fotografía y muchos fotógrafos han utilizado el autorretrato para comunicarnos aspectos conceptuales de su trabajo, expresar quiénes son o meramente dar a entender cómo operan sus mentes al momento de crear y componer una imagen.

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Nine Polaroid Portraits of a Mirror (1967)
William Anastasi
fotografías instantáneas en blanco y negro y espejo
36.8 x 28.6 cm

Existen varios autorretratos de fotógrafos conocidos, en los cuales su imagen se vuelve el modelo central de la fotografía y muchas veces nos dejan incógnitas que no podemos descifrar. En los autorretratos de Vivian Maier [3], que salieron a la luz en los últimos años, podemos ver cómo se construye la imagen a partir de reflejos o proyecciones de sombra de la propia fotógrafa, intentando revelar sus particularidades. Aquí apreciamos un claro ejemplo de cómo una persona normal, fotógrafa innata, sin estudios previos, logra apropiarse de la técnica para crear imágenes excepcionales. Sus fotografías se vuelven un catálogo de su vida y de quienes la rodean, donde sus autorretratos nos dan indicios de cómo se fue desarrollando su vida a lo largo de los años y cómo esta compulsión la convirtió en coleccionista de sus propias experiencias, llegando a acumular miles de negativos. Sus composiciones buscan posicionar el cuerpo dentro del contexto urbano, lo que hoy llamaríamos como selfie urbana, situándonos y dando a conocer texturas, reflejos, colores e interiores propios de la época y ciudad en que se encontraba en ese momento, por lo que llevar la cámara alrededor de su cuello en todo minuto era indispensable. Sus fotografías nos sitúan en el siglo XX, pero es hoy, gracias a las redes sociales, que su trabajo se ha difundido acercándonos más a él. Podemos ver que la necesidad de auto-fotografiarnos se inicia mucho antes de la masificación de los medios.

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Pisa, Italy from the series Small World (1987-1994)
Martin Parr
Magnum Photos

Al igual que en la obra de Maier, los autorretratos del fotógrafo británico Martin Parr [4] nos muestran una fotografía que intenta reflejar una visión cotidiana, donde la imagen obtenida se vuelve un souvenir, mostrándonos una adicción a capturar situaciones comunes, como ir a la playa, viajar o tomarnos la foto respectiva para decir yo estuve aquí. Parr captura el momento exacto en que esto ocurre y lo vemos, por ejemplo, en la fotografía Pisa [5], donde varias personas se retratan queriendo sostener la Torre de Pisa; este acto refleja en su totalidad lo que estamos dispuestos a hacer frente a una cámara para obtener la mejor imagen y presumir del momento; lo que desde años se ha vuelto un acto masivo y repetitivo con diversos hitos arquitectónicos alrededor del mundo. La selfie nos brinda reconocimiento ante nuestros pares, nos posiciona dentro del globo terráqueo y nos convierte en coleccionistas de imágenes.

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Self-Portrait (1956)
Vivian Maier
VM1956W00022-09-MC
Maloof Collection

Si revisamos la fotografía en sus diferentes etapas, podemos apreciar que aparecen diversos recursos e implementos para tomarse un autorretrato. Por ejemplo: M.C. Escher, a quien vemos reflejado en una esfera, la cual evoca un mundo alternativo, una ilusión espacial que quebranta la realidad, pero que a la vez, la concreta. Esta necesidad de crear un mundo paralelo, pero a la vez real, se repite constantemente en quienes indagan en la fotografía. Podemos ver que el espejo se vuelve una herramienta fundamental al momento de controlar la auto-toma. Esta pulsión se representa paradójicamente en dos obras que resultan similares a simple vista; estamos hablando de Nueve Polaroid Retratos de un espejo de William Anastasi, 1967 y Autorización de Michael Snow, 1969. En la obra de Anastasi podemos apreciar dos herramientas fundamentales que aparecen en la fotografía: el espejo y la polaroid, donde ambas aportan a la inmediatez con que se configura y obtiene la toma. Al parecer, no basta con vernos plasmados una sola vez en una fotografía, sino que este acto se exacerba con la utilización de espejos y una copia dentro de otra copia, haciéndonos caer en una espiral sin fin, donde la vehemencia del consumo se hace cada vez más presente.

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Authorization (1969)
Michael Snow
Cinco fotografías instantáneas (Polaroid 55), cinta adhesiva, espejo y marco de metal, 54.5×44.5 cm
Narional Gallery of Canada, Ottawa

Observando en paralelo la obra de Anastasi, Snow nos deleita con el mismo frenesí por reiterar y multiplicar la imagen, pero hay un detalle que hace a esta obra diferente: si observamos la imagen total podemos apreciar que el fotógrafo desaparece, quedando solo la cámara como protagonista de la toma, ¿tenemos conciencia de nosotros mismos al momento de fotografiarnos o se ha vuelto un mero acto reflejo? Esta situación se replica en las fotografías que vemos comúnmente en las redes sociales, donde encontramos y visualizamos al espejo como protagonista, el que se encarga de crear una dimensión alternativa donde recurrentemente los cuerpos quedan despojados de identidad, debido a que el medio tecnológico se impone frente al rostro obteniendo, como consecuencia, imágenes en las que el fotógrafo se presenta anónimo ante sí mismo y ante los demás.

Una fotografía puede tener distintas lecturas según quien la mire. Para un observador puede ser una imagen positiva y fiel a la realidad y, para otro, la misma imagen puede ser negativa o totalmente confusa. Una fotografía nos habla de códigos de conducta, donde identificamos al fotógrafo, al retratado y al espectador; en esta relación, se genera un intercambio de poder, posicionamiento y ejecución. El autorretrato deja ver la realidad que queremos mostrar, decir y reafirmar, confiriéndonos poder sobre nuestra imagen, pero al mismo tiempo nos exponemos a la crítica, prejuicios y especulaciones de los demás, reduciendo todo tipo de límite existente, por lo que: “un retrato es una investigación o exploración del ser y de la identidad a través de una representación literal del aspecto de una persona” [6], pero esta se ve modificada o alterada mediante los nuevos medios, ya sea buscando una mejor configuración o un mejor ángulo, la mejor luz o el mejor filtro, para así obtener la mejor imagen.

“Por mucho que queramos capturar la verdadera personalidad de alguien con una cámara, eso no es posible. Con sólo poner otro pie de foto debajo de la imagen o cambiar su contexto, el significado también cambiará. La identidad puede modificarse en un momento” [7]. Entonces, cuando miramos nuestro autorretrato ¿nos vemos a nosotros o vemos una versión alternativa mejorada?

Sontag hace referencia a la capacidad de las imágenes de poseer cualidades de las cosas reales, pero las imágenes producidas hoy en día distan de ser cien por ciento reales, por lo que hemos creado imágenes que adquieren cualidades que no son propias de la realidad, sino que creamos algo nuevo, nos reinventamos. Como se dice popularmente una “imagen vale más que mil palabras”, la selfie ha creado un mundo paralelo, comenzando por su elaboración, donde se busca el mejor ángulo de quien se retrata, creando un amplio registro de quien lo practica.

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Cornelius’s self-portrait. 1839
Robert Cornelius
Daguerrotipo ¼ placa ( 8 x 11 cm aprox.)

Es difícil saber cuál fue el primer autorretrato en la historia de la fotografía; se podría decir que la primera selfie sería la de Robert Cornelius en 1839, hecha mediante la técnica de daguerrotipo. En ella podemos apreciar rasgos que le son característicos y adjudicados a la selfie que conocemos hoy: la mirada hacia el lente, postura corporal relajada, encuadre selectivo a mitad de cuerpo y luz natural; son reflejos de una situación cotidiana. De acuerdo a los recursos de la época, la exposición duró alrededor de cinco minutos versus las milésimas de segundos con los que contamos hoy.

Las selfies se han convertido en una de las principales actividades de muchas personas: retratarse en un momento y en un lugar específico, en testimonios de vidas, surgiendo en ellos la necesidad de producir y consumir imágenes cada segundo. La expansión y la reproducción de la imagen en las redes sociales le otorga al usuario una reafirmación de su existencia en el presente, llevándolos al borde de la adicción. ¿Cuantos likes tiene tu foto? Sontag nos dice en su libro Sobre la Fotografía, que las imágenes ejercen poderes extraordinarios, y son estas las que se vuelven sustitutos de experiencias reales, por lo que hemos iniciado la búsqueda de felicidad propia y privada, a través de un otro, buscando aprobación y aceptación, siendo así el autorretrato un punto de entrada a la vida de otro que nos observa, el cual muchas veces no conocemos, pero al que nos vinculamos visualmente.

En la actualidad contamos con la ventaja de tener un mayor control posterior al disparo, por lo que nos hemos comenzado a mover en el campo de la edición, siendo gestores de nuestra propia apariencia. Unir, dividir, rotar, duplicar o cambiar aspectos de la imagen se nos está permitido cada vez más, para crear así lo que deseamos como construcción visual. Además, ya no es necesario obtener una sola imagen, hoy tenemos acceso libre a la cantidad de disparos, podemos darnos la libertad creativa de construir una imagen desde varias distintas, por lo que las herramientas ya no solo están solo en la cámara, sino también en las diversas aplicaciones enfocadas a mejorar nuestras fotografías.

14 de Marzo del 2015/ SANTIAGO Miles de personas disfrutan de la quinta versión del Festival Lollapalooza 2015, realizado en el Parque O´higgins. FOTO: MATIAS DELACROIX/AGENCIAUNO

Selfie stick, la varita del narcisismo
FOTO: MATIAS DELACROIX/AGENCIAUNO
Festival Lollapalooza 2015

Las imágenes se han vuelto divertimentos, como bien define J. Fontcuberta, por lo que las fotografías ya no se concebirían como documentos para registrar un momento único e irrepetible para luego consérvalas metódicamente en un álbum fotográfico, sino más bien se han vuelto actos involuntarios carentes de reflexión, que no buscan registrar un acontecimiento como parte importante del mismo. Es así cómo han perdido valor convirtiéndose en imágenes-kleenex, es decir: usar y tirar; muchas de ellas sólo quedan en las redes sociales o archivos digitales perdiendo además su formato físico. La gran producción de imágenes es directamente proporcional a su consumo, los medios de comunicación nos permiten crear constantemente y dilatar la experiencia de vernos a nosotros mismos y a un otro, que también se exhibe, reafirmando las palabras de Fontcuberta: “fotografío; luego existo” [8] convirtiéndose en un manifiesto de vitalidad.

Se puede decir que la selfie más conocida de nuestro tiempo es la de los Premios Oscar del año 2014, la que obtuvo más de tres millones de retweets en pocos minutos, recorriendo el mundo a través de las redes sociales con el siguiente comentario: “If only Bradley’s arm was longer. Best photo ever. #oscars”. Dicho y hecho, ante esta necesidad fotográfica, la tecnología no se ha quedado atrás, se ha creado el selfie stick, conocido también como el bastón narcisista, el cual logra dar una mayor distancia entre la cámara y el retratado: el encuadre se abre adquiriendo una mayor perspectiva del lugar, facilitando las fotos grupales o las fotos en solitario, eliminando la incomodidad para quien saca la foto, complaciendo la necesidad de aparecer y existir en la imagen.

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Selfie Oscar 2014
Ellen DeGeneres @theellenshow

Es posible pensar que la fotografía se ha vuelto un medio de promoción visual de nosotros mismos, donde creamos la mejor o peor imagen, ¿nos convertimos en una imagen aceptable y apetecida por nuestra sociedad cibernauta o nos hemos despojado de nuestra propia identidad, para concebir la realidad que queremos?

 

Constanza Cornejo. Licenciada en Arte UC

 



[1] Sontag, Susan. Sobre la fotografía. Capítulo: El Mundo de la Imagen. Página: 159
[2] Ibíd, página 158.
[3] (New York, 1926 – Chicago, 2009) Fotógrafa innata, desarrolló su técnica fotográfica mientras ejercía su labor de niñera. Tomó más de ciento cincuenta mil fotografías a lo largo de su vida, en las que el tema recurrente era la ciudad, dejando en evidencia las peculiaridades de sus habitantes, dando cuenta lo bizarro de la vida.
[4] (1952 Epsom, Surrey, Reino Unido).
[5] Referencia a la Fotografía “Pisa, Italia” del fotógrafo Martin Parr, de la serie “Small World 1987-1994”.
[6] Bright, Susan. Fotografía Hoy. Capítulo: Retrato. Página:20.
[7] Ibíd.
[8] Fontcuberta, Joan. La cámara de Pandora. Capítulo: Fotografío, luego soy. Página: 17

 

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