TERCER NÚMERO

El tercer número de la revista Pensar en Fotografía tiene como enfoque principal el tema de los nuevos formatos de presentación fotográfica. Es sabido que a partir de los años ochenta, la fotografía moderna en blanco y negro y de pequeño formato va cediendo lugar a la fotografía de grandes dimensiones y en color, provocando otro tipo de relación con el espacio de exhibición y con el espectador. La fotografía adquiere una presencia objetual y el espectador es invitado a participar de lo que Michel Poivert, en su libro Photographie Contemporaine, ha definido como una estética de la instalación. La fotografía, desde ahí, reivindica la importancia de su soporte y del estatuto de presencia en cuanto objeto. La expresión foto-cuadro para designar las grandes dimensiones y la frontalidad de su instalación se tornó recurrente para señalar la producción de una serie de fotógrafos y artistas contemporáneos. Además, la participación de la fotografía en una estética propia del cuadro propició la adopción de otros formatos relacionados con el espacio y contextos de exhibición. Es así que proliferaron las series, los dípticos, polípticos, las panorámicas, la foto-escultura, los libros de artista, etc.

La entrevista realizada por Pablo Rodríguez a los fundadores de la editorial chilena Popolet, muestra cómo el libro puede constituir un soporte artístico de presentación de la imagen fotográfica. A la diferencia de otros soportes, el libro de artista propicia una mayor difusión y circulación social de la imagen. La historia del foto-libro no es tan fácil de recuperar. Con la entrada de la fotografía en el arte conceptual y su participación en las reflexiones de la década del sesenta, el foto-libro como objeto de designer tiene en Edward Ruscha tal vez su principal fundador. Sin embargo, el libro de fotografía posee una historia hacia atrás. Surge ya con su propio invento a través de Fox Talbot y su libro The Pencil of Nature. El texto de Fernanda Aránguiz nos introduce en un recorrido histórico del foto-libro. Fernanda nos recuerda el gran aporte de la inglesa Anna Atkins que ya en el siglo XIX presenta un libro producido íntegramente con fotografías a partir de sus copias en cianotipo de algas marinas. Sigue en la mitad del siglo XX con The Americans de Robert Frank –un hito importante en esta historia– para finalmente situarnos, más contemporáneamente, en la producción de los libros del fotógrafo ingles Martin Parr.

En otro contexto sobre los soportes fotográficos, la artista visual chilena Francisca Eluchans nos presenta su trabajo sobre la construcción de una maqueta como soporte, a partir del cual el paisaje urbano adquiere las dimensiones de un escenario escultórico. Francisca utiliza fragmentos y recortes de imágenes que se distribuyen sobre el soporte como collage, recreando un paisaje ficticio que, obedeciendo a perspectivas y puntos de vista, no solo reconstruye un espacio volumétrico ilusorio, sino también una interpretación propia del espacio urbano.

En este despliegue de los soportes fotográficos, la imagen fija ha introducido, en la última década, una hibridación con la imagen móvil. Pequeños movimientos se insertan al interior de la imagen o en su superficie, causando una tensión en el seno de la condición fija de la imagen fotográfica. La artista chilena Isabel Martínez nos muestra en su serie Quantum Blink varias fotografías que presentan un patrón común de líneas verticales. La serie entrega como resultado imágenes fragmentadas que recuerdan el proceso analítico de la cronofotografía pre-cinematográfica del siglo XIX. La imagen se descompone en fragmentos que simulan etapas breves de una deconstrucción de un fluir fugaz. La idea de la artista es congelar el tiempo y tornar visible lo invisible; esto es, exhibir la intermitencia de lo temporal.

En sus imágenes animadas, Felipe Baeza, fotógrafo y artista visual chileno, nos sorprende con los sutiles movimientos en imágenes que juzgaríamos fijas. El descalce entre fijo y móvil, técnicamente surge del empleo de múltiples cámaras, lo que posibilita la visión semi-instantánea de un mini flujo de tiempo. Una forma, como dice el autor, de presentar un corte temporal innovando el “instante decisivo” a partir de la animación en una imagen de carácter documental; breves planos de la vida cotidiana.

Podemos relacionar lo anterior con el trabajo del artista chileno Francisco Navarrete, cuyas imágenes y texto, presentados en esta edición, reflexionan sobre distintos soportes y procedimientos, sobre la plasticidad de la imagen en cuanto discurso en torno a las imágenes. Según el artista, su búsqueda experimental se acerca a una “vibración” al interior de la imagen que indaga también acerca de la imagen-tiempo y la duración. En el caso de Navarrete esta preocupación está relacionada con la tensión entre el hombre y el espacio físico en el cual vive. Estas inquietudes lo llevaron a varias hibridaciones que conllevan, tanto soportes como acciones performáticas e innumerables experimentaciones materiales, como nos revela el artista en su texto.

Por último destacamos la contribución de Debora Caro sobre el sorprendente recorrido de la fotógrafa norteamericana Vivian Meyer ­–durante muchos años desconocida por el público­–, cuyo trabajo pudimos apreciar gracias a su reciente exposición en la ciudad de Santiago.

La fotografía contemporánea ha innovado en el aparecer de su imagen sobre gran diversificación de sopores. Mas allá de una nueva forma de presentación, constituye un nuevo régimen en la manera de pensar la imagen fotográfica.

 

EDITORAS:


MÓNICA BENGOA
VERA CARNEIRO

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